viernes, 27 de septiembre de 2013

Los problemas de España.

  España ya no va bien eso es algo evidente; desde que estalló la actual crisis económica, nuestro país se ve sumido en una dura fase de ralentización y recesión que marca el fin de años sostenidos de crecimiento y prosperidad.

  Se han ofrecido muchas explicaciones para tratar de satisfacer la curiosidad del ciudadano, que ha sido el principal afectado por dicha depresión especialmente virulenta con la clase trabajadora con cifras de hasta el 26,9% y 6.200.000 desempleados. Así, se ha dicho que Merkel nos gobierna y que desde Europa se nos ha impuesto una austeridad que nos lleva a la ruína, que somos un país de corruptos, que gastamos más de lo que teníamos... y así un larga lista de excusas que varían según el color de la ideología con que se mire.

 Sin embargo, en nuestro país se han desarrollado por motivos dispares una serie de males endémicos que agrupados se pueden percibir como, al menos agravantes, de la crisis que asoló a todo el mundo; y que atormentan a los inversores a modo de pecados capitales.

 1. La corrupción institucional.
 Una de las condiciones para que la inversión se asiente en un país es la presencia de un entorno económico estable que garantice el retorno de los beneficios. Si bien no se puede calificar a España de "república bananera", sí podemos notar en los últimos tiempos como ha aumentado exponencialmente el número de casos que afectan a cargos públicos de diversos rangos, e incluso instituciones que deberían ser ejemplares como la Corona.

 Se considera que el actual partido en el gobierno maneja  cuentas en paraísos fiscales y pagaba a sus dirigentes retribuciones cuanto menos inmorales. El principal partido de la oposición está inmerso en un proceso no menos escandaloso por la desviación de fondos destinados a los ERE en Andalucía (asunto
especialmente delicado si tenemos en cuenta la cantidad de parados en nuestro país). En Cataluña o Galicia también hay proceosos importantes abiertos contra partidos o cargos en el gobierno, e incluso los sindicatos parecen estar inmiscuidos en esta denigrante clasificación.
 
 Más preocupante aún es el hecho de que desaparezcan pruebas  (como el formateado de los ordenadores en el caso Bárcenas), salgan libreas cargos de más que dudosa inocencia (Camps o Barberá en Valencia) e incluso la propia fiscalía trate de proteger a algunos imputados como a la Infanta Cristina en el caso Nóos. Las vergonzosas actuaciones de la justicia, que parece no ser tan ciega cuando el imputado es un cargo público, es sin duda un motivo de preocupación para una sociedad que ve escapar impunes a una de las principales causas de sus males.

2. La falta de control ciudadano.
  Se podría pensar que los habitantes de este país, como principales afectados de la crisis, se han con vehemencia, no únicamente una vez estallada la burbuja en que vivíamos, sino también cuando se formaba de forma más que evidente una situación a todas luces insostenible a largo plazo. Nada más lejos de la realidad; en este sentido TODOS somos culpables, ya que hemos faltado a una de nuestras principales labores como miembros de la comunidad, que sería la de controlar a quienes nos representan.


  Es fácil ver ahora el descontento en la calle ante los recortes y el contexto de degradación económica; sin embargo, en muchos lugares se sigue votando a la misma gente que nos ha llevado al pozo. ¿Acaso no tenía el deber la gente de Galicia de protestar ante el descomunal dispendio que suponía una obra tan disparatada como la Ciudad de la Cultura? ¿Cuantas manifestaciones promovieron los valencianos ante el gasto en eventos como la Fórmula 1 o la Copa América?. Cuando ciertos particulares salen muy beneficiados y el resto no actúa es obvio que el resultado dudosamente incrementará el bienestar del conjunto.

 Desgraciadamente los ciudadanos solo actúan cuando ocurren sucesos tan flagrantes como la privatización de los hospitales públicos o el escándalo por la colocación de las preferentes. Será necesaria la implicación  de toda la sociedad para realizar un verdadero proceso de regeneración y control institucional, algo difícil si vemos la deriva hacia el radicalismo de movimientos tan bienintencionados como el 15M.

3. El bajo compromiso con la educación e investigación.
 No hay que ser un observador muy perspicaz para percatarse de lo atrasados que estamos en estos campos respecto a los países que ahora vemos como ricos.

 Nuestro país situó en el puesto 21 de 28 en gasto público en investigación entre 2007 y 2011 en la clasificación del conjunto de Estados miembros de la UE, según recoge el reciente  informe sobre el Área Europea de Investigación de la Comisión Europea. Nunca nos hemos caracterizado por una elevada inversión en investigación, pero al vincular este gasto al ciclo, nuestra situación se agrava en épocas como la actual, no hace falta ser un estado con elevadas rentas para invertir en i+d, por ejemplo Eslovaquia invierte más del 2% de su PIB mientras que España no llegó el año pasado al 3%.

 La educación es otra materia que necesita especial atención puesto que en ella se asientan los cimientos de la futura prosperidad y desarrollo del país. Según la Comisión Europea  el 24,9 % de los jóvenes españoles de entre 18 y 24 años no cursaron ningún tipo de ciclo educativo ni de formación en 2012, lo que supone el mayor índice de abandono escolar de la UE, con un porcentaje que dobla el 12,8 % de la media de nuestros vecinos. No existe un problema de financiación ya que según la OCDE  las administraciones públicas españolas dedican un gasto de 7.390 euros al año de media en cada estudiante  por encima de la media de la UE-21 y entre Suecia y Japón (por contra, ambos países obtienen puntuaciones mucho más elevadas en el informe PISA).  Está claro que es necesaria una reforma de la enseñanza que sea profunda y estable, y que no esté supeditada a la ideología del partido gobernante.


 A pesar de estas dos enormes lagunas en los pilares de deben asentar el  crecimiento a lp de un país, los gobiernos siguen empeñados en un modelo de desarrollo basado en la contrucción y gasto en grandes eventos que, además de ser poco compatible con el desarrollo en educación e investigación, pone otros graves problemas sociales y ecológicos sobre la mesa (véase los casos de EuroVegas, los Juegos Olímpicos de 2020 o los proyectos de megaminería).


4. La UE
 El último problema sería nuestra pertenencia a la UE, como estado miembro relevante (España es el 5º país más habitado). Durante años se ha visto la pertenencia a la Unión Europea como un maná que nos permitía proveernos de fondos comunitarios e inversión barata, un auténtico chollo!

 Por contra, en la actualidad parece ser blanco de nuestras iras, la existencia de una política monetaria común, que maniata al estado a la hora de poder aplicar medidas que mejoren nuestra balanza comercial, ya que al no poder influir en el euro, el gobierno se ve obligado a aumentar nuestra competitividad vía reducción de salarios y duros recortes. Es más que probables que la situación de entrada de España en el Euro, igual que la de otros países como Grecia o Portugal, no fuese la idónea para afrontar una unión tan profunda como la llevada a cabo.

 Durante el tiempo en que duraron los bajos tipos de interés y nuestra economía crecía boyante alimentada por una enorme burbuja inmobiliaria absolutamente descontrolada, nuestros socios econtraban muy apetecible invertir en nuestro país, pero cuando saltan las alarmas y el dinero corre peligro se producen retiradas masivas de capitales como en 2011 y 2012.

 Por tanto a menos que se profundice en la unión fiscal y en una autoridad económica común europea ( cosa que ahora mismo parece poco más que una utopía), es posible que sigan produciéndose crisis que se ceben con una parte del continente mientras que la otra lo resista con más fuerza; esto vendrá dado por las diferentes características de la Europa del norte y la Europa del sur, porque nos separan muchas más cosas que la mera posición geográfica. Tal vez estas condiciones conduzcan a la "Europa con 2 velocidades" en la que se separen los países en clases a las que se le aplican políticas económicas diferentes, lo que supondrá el fin del proyecto europeo tal y como se pensó y tal como existe.

  España por sus especiales características es un país de extremos, crece como ninguno en la bonanza y se estanca con más persistencia en la recesión. Tal vez este extremismo forme parte de nuestro carácter pero la elevada tasa de desempleo y las sonrojantes comparaciones con nuestros vecinos animan a reflexionar y tratar de compensar tales carencias.

Por Adrián Caamaño Pensado.